Los huídos de Cuelgamuros

Historia

De los 33.847 cuerpos que fueron enterrados en el Valle de los Caídos sólo los de 133 personas han podido escapar. Corresponden a 133 navarros fusilados por el bando nacional.

La Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos – así es como se llama – , de dimensiones estratosféricas, se construyó por orden de Franco después de la Guerra Civil, entre 1940 y 1958, en el valle de Cuelgamuros en San Lorenzo de El Escorial (Madrid).

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El monumento, ideado para rendir honor a los ‘caídos’, fue levantado con el sudor y la sangre de prisioneros políticos e inaugurado el 1 de abril de 1959.

Caídos

Casi 4.000 navarr@s (1% de la población) fueron ejecutad@s en la represión tras el golpe militar, a pesar de que aquí no hubo frente de guerra, una de las cifras más altas en proporción de todos los territorios. Los cuerpos de algunos de ellos han sido encontrados en fosas comunes, cunetas y otros sitios gracias principalmente al testimonio de mayores, los de otros siguen todavía ‘desaparecidos’.

En los meses anteriores a la inauguración del Monumento los funcionarios franquistas, trabajando contrarreloj, completaron los columbarios con los restos desenterrados y trasladados de muchas personas que fueron asesinadas y arrojadas a fosas comunes, de las cuales muchas veces ni siquiera sus familiares tenían conocimiento. Se dio por tanto la circunstancia de que familias que por fin han conocido el paradero de los cuerpos de sus seres queridos lo han hecho cuando ya llevaban tiempo en el Valle de los Caídos. Otras muchas, como decimos, todavía no saben si los llevaron allí o están en cualquier otro lugar.

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Tras la muerte del dictador (año 1975) los hijos de los asesinados comenzaron a buscar los restos y fue entonces cuando se dieron cuenta de que se habían producido las profanaciones. Localizaron enterramientos, pero estaban vacíos o con algún hueso disperso, ningún cráneo. Estos hechos pusieron a las familias en la pista del Valle de los caídos y, tras mucho insistir, consiguieron que en 1979 la Real Casa de Patrimonio Nacional certificara que efectivamente los restos se encontraban en la capilla lateral derecha de la Basílica desde el 29 de marzo de 1959. Los familiares iniciaron entonces el arduo proceso de intento de exhumación y retorno de los cuerpos del mismísimo Monumento a los caídos.

José Antonio Ruiz (alcalde de San Adrián), hijo del fusilado Cirilo Ruiz, empezó a reunirse con otros hijos de asesinados en uns bodega de forma clandestina. Entablaron largas negociaciones con el entonces gobierno de la UCD de Adolfo Suárez hasta que finalmente accedieron a su demanda a cambio de guardar silencio. Probablemente, el tono de concordia de los solicitantes fue clave para que el Gobierno cediera a la única exhumación que se ha llevado a cabo. “Somos las ramas de los troncos que asesinaron allí”, les llegó a decir José Antonio Ruiz.

Lo consiguieron, se procedió a la exhumación y, como último paso, el 18 de febrero de 1980, bajo la gigantesca cruz de granito que corona el valle de Cuelgamuros, se celebró un funeral, oficiado por un sacerdote navarro – los monjes benedictinos se negaron a participar -, por el alma de los allí presentes 133 republicanos navarros asesinados por el bando nacional en el verano de 1936.

Recibidos los restos, fueron trasladados por sus familias a sus lugares de origen. Correspondían a 6 personas de Allo, 19 de Azagra, 27 de Corella, 1 de Larraga, 5 de Lodosa, 6 de Los Arcos, 2 de Mendavia, 52 de Pamplona y 15 de San Adrián. A la llegada a Navarra, se sucedieron los homenajes multitudinarios en los pueblos. 

San Adrián 1980

Los tres portavoces de aquella comisión negociadora que consiguió rescatar los restos ya han fallecido. José Antonio Ruiz (en representación de San Adrián), Claudio Gainza (hijo del alcalde fusilado de Allo) y Terencio Ruiz (Cárcar) viajaron innumerables veces a Madrid a despachar con los altos cargos de UCD. 

Antes de que este retorno llegara a producirse, curiosamente, el destino quiso que el 24 de julio de 1979 a José Antonio Ruiz le tocara, como recién elegido alcalde de San Adrián, lanzar el cohete de las fiestas patronales desde el balcón del mismo edificio consistorial en el que justo 43 años antes, el 24 de julio de 1936, su padre fue detenido y asesinado.

Los restos de los fusilados en San Adrián yacen desde 1980 en el cementerio municipal bajo una lápida con la siguiente inscripción: “Derramaron nuestra sangre por tener un ideal, que jamás vuelva este horror, que esto sirva de lección y sea resurrección de vida a la libertad”.

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